“Sentía un nudo en la garganta, ganas de llorar y de salir corriendo. Me dolía la cabeza, los brazos y las manos. Me conectaba con mis compañeras cada tarde para rehacer el protocolo de investigación y, aun así, parecía que nada era suficiente”. A Lizeth, nombre que usamos para proteger su identidad, le explotó el […]
Read more